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La lumbalgia es un dolor intenso en la parte baja de la espalda, que puede extenderse hacia la región glútea y las piernas. Es una de las afecciones más comunes en la sociedad actual y puede afectar a hombres y mujeres por igual. Aunque no se considera una enfermedad grave en la mayoría de los casos, sí puede causar una gran incapacidad durante su fase aguda.

Tipos de lumbalgia

Existen diferentes tipos de lumbalgia, clasificados según su causa, frecuencia y duración, así como las características del dolor.

  • Lumbalgia mecánica o no específica: en el 80% de los casos, no se puede identificar claramente la causa del dolor. Aparece con los movimientos y mejora en reposo.

  • Lumbalgia específica: en el 5% de los casos, el dolor es síntoma de una enfermedad grave como la osteoartritis, osteoporosis, hernia de disco, espondilitis anquilosante o metástasis en la columna vertebral.

  • Lumbalgia aguda: dolor lumbar intenso sin irradiación, que se origina de manera brusca y dura menos de 12 semanas.

  • Lumbalgia crónica: dolor en la parte inferior de la espalda, acentuado con el movimiento y que dura más de 12 semanas.

  • Lumbalgia mecánica: dolor que empeora con el movimiento y mejora con el reposo.

  • Lumbalgia inflamatoria: dolor que empeora con el reposo y mejora con el movimiento.

Causas de la lumbalgia

La lumbalgia puede ser causada por diversos factores, dependiendo del tipo de lumbalgia que se padezca. En las lumbalgias mecánicas o no específicas, las principales causas son los traumatismos, sobrecargas, malas posturas o distensiones musculares. En las lumbalgias específicas, el dolor puede ser causado por enfermedades como la artrosis, hernia discal, artritis, osteoporosis o fibromialgia.

Síntomas de la lumbalgia

El síntoma principal de la lumbalgia es el dolor moderado a intenso en la zona lumbar, acompañado de rigidez y dificultad en el movimiento. El dolor puede ser constante o desencadenarse con los movimientos.

Tratamiento para la lumbalgia

El tratamiento inicial para la lumbalgia incluye reposo relativo durante unos días, aplicación de calor seco y el uso de analgésicos o antiinflamatorios. En casos más graves, se pueden recetar relajantes musculares. Es importante no prolongar el reposo más de lo necesario y reducir la actividad física durante la fase aguda del dolor. La fisioterapia y rehabilitación pueden ser recomendadas según la evolución del dolor. En casos específicos, se pueden realizar infiltraciones o cirugías en la columna vertebral.

Pruebas complementarias para el tratamiento de la lumbalgia

En algunos casos, pueden ser necesarias pruebas complementarias como radiografías, resonancias magnéticas o tomografías computarizadas para un diagnóstico más completo. En caso de sospecha de tumor, se puede realizar una biopsia. Si hay signos de infección, se realizan pruebas de sangre y cultivos.

Factores desencadenantes y de riesgo de la lumbalgia

Los factores desencadenantes de la lumbalgia están relacionados con el estilo de vida, como posturas inadecuadas, sobreesfuerzos, sedentarismo u obesidad. Los factores de riesgo incluyen la edad, el peso, problemas estructurales de la columna vertebral y trabajos que implican levantar cargas pesadas o movimientos repetitivos.

Complicaciones y prevención de la lumbalgia

Las complicaciones de la lumbalgia pueden incluir la cronificación del dolor, hernia de disco, irradiación del dolor hacia las piernas, metástasis óseas o incapacidad temporal prolongada para el trabajo. Para prevenir la lumbalgia, es importante evitar movimientos bruscos, no levantar pesos excesivos, ejercitar la musculatura de la espalda y abdomen, realizar ejercicio físico regularmente, mantener una correcta higiene postural y ergonomía en el trabajo, y agacharse flexionando las rodillas en lugar de solo el tronco.

¡No dejes que la lumbalgia te detenga! Conoce sus causas, síntomas y tratamientos para aliviar el dolor en tu espalda baja. Sigue estos consejos y prevén futuros episodios de lumbalgia. ¡Tu espalda te lo agradecerá!

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