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El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con daño tisular real o potencial. Aunque solemos pensar en el dolor como algo negativo, en realidad cumple una función importante en nuestro organismo. Es un mecanismo de supervivencia que nos alerta de que algo va mal y nos impulsa a tomar medidas para protegernos.

La teoría de la puerta de control

La teoría de la puerta de control propuesta por Roland Melzack y Patrick Wall en los años 60 nos ayuda a entender por qué el dolor se intensifica por la noche. Según esta teoría, en nuestra médula espinal hay una puerta que permite o no el paso de los estímulos dolorosos hacia el cerebro. Algunas cosas pueden cerrar esa puerta y disminuir la sensación de dolor, mientras que otras pueden abrirla y aumentarla.

La noche: el momento en que los tigres rugen más fuerte

Durante la noche, cuando estamos en la cama y en silencio, los estímulos dolorosos se perciben con mayor intensidad. Esto se debe a que no hay distracciones que ayuden a cerrar la puerta de control del dolor. En ese momento, nuestras mentes se centran en el dolor y lo sienten con más fuerza.

Los ritmos circadianos y el dolor nocturno

Un estudio reciente realizado por Inés Daguet y su equipo sugiere que los ritmos circadianos también pueden influir en la intensificación del dolor durante la noche. Según este estudio, el momento del día en que se percibe el dolor con mayor intensidad es a las 4 de la madrugada. Esto puede estar relacionado con los niveles cíclicos de hormonas como el cortisol y la melatonina, que están asociados con el sistema inmunológico y la inflamación.

La evolución y el dolor nocturno

Desde una perspectiva evolutiva, somos más vulnerables a los depredadores durante la noche, ya que es cuando dormimos. Por tanto, tiene sentido que nuestro cerebro esté más alerta a los estímulos dolorosos durante este periodo. Una menor intensidad de los estímulos puede ser suficiente para despertarnos ante un peligro potencial.

En resumen, el dolor se intensifica por la noche debido a la falta de distracciones y a la influencia de los ritmos circadianos. Aunque aún se necesita más investigación para comprender completamente este fenómeno, es claro que nuestro cerebro sigue trabajando para protegernos incluso mientras dormimos. ¡No dejes que los tigres del dolor te arruinen una buena noche de descanso!

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