Teléfono

+34 934 02 70

Correo electrónico

[email protected]

Horario comercial

Lun - Vie: 7AM - 8PM

El dolor físico es una sensación que experimentamos desde que nacemos. Es algo común en nuestra vida y lo sentimos en diferentes situaciones cotidianas. Sin embargo, ¿alguna vez te has planteado una estrategia distinta a tomar analgésicos para manejar el dolor?

La realidad es que el dolor no solo afecta nuestras sensaciones físicas, sino que también puede tener un impacto en nuestras emociones. Y curiosamente, nuestras emociones pueden alimentar e incrementar nuestro dolor. En este artículo, exploraremos la psicología del dolor y cómo nuestras emociones pueden influir en la intensidad y la capacidad de manejo del mismo.

¿Qué es el dolor y cómo se relaciona con nuestras emociones?

La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASAP) define el dolor como "una experiencia sensorial y emocional desagradable que se asocia a una lesión real o potencial de los tejidos". Esta definición deja claro que nuestras emociones están intrínsecamente ligadas al dolor.

Esto significa que, con una adecuada salud emocional y gestión emocional, podemos manejar mejor el dolor. Pero, ¿cómo lo logramos?

La psicología del dolor nos ofrece diferentes técnicas psicológicas para manejar y aliviar la intensidad y frecuencia del dolor. Para ello, es necesario explorar y analizar individualmente diferentes aspectos relacionados con el dolor, como la experiencia dolorosa, la intensidad del dolor y la tolerancia al mismo.

Aspectos psicológicos del dolor

En la experiencia del dolor, los aspectos psicológicos influyen de forma positiva o negativa. Esto significa que, más allá de las sensaciones físicas objetivas, nuestra percepción del dolor afecta a su intensidad.

La experiencia del dolor es el resultado de dos factores subjetivos simultáneos: la capacidad sensible del individuo para percibir desagradablemente una alteración tisular dañina y su capacidad para soportarla. En este proceso intervienen tres componentes característicos de la experiencia dolorosa: el componente sensorial, el componente cognitivo-evaluador y el componente subjetivo-afectivo-emocional.

En la psicología del dolor, los profesionales trabajamos en dos componentes clave: el componente cognitivo-evaluador, que se refiere al pensamiento y la predisposición de la persona ante el dolor, y el componente subjetivo-emocional, que implica identificar y gestionar las emociones que surgen ante el dolor.

El objetivo es cambiar la percepción que tiene la persona de soportar el dolor y modificar su actitud y comportamiento hacia el mismo.

El estado emocional y el impacto del dolor

El dolor tiene un impacto negativo en las funciones del paciente, generando un descenso significativo en su calidad de vida. Además, la convivencia con el dolor crónico puede tener graves repercusiones en la esfera psicológica del paciente.

La depresión y la ansiedad son dos síntomas psicológicos muy comunes asociados al dolor. Los pacientes con dolor crónico a menudo presentan depresión secundaria debido al dolor, y la ansiedad puede mantener la activación automática del dolor y facilitar la aparición de mayores síntomas.

En la psicología del dolor, es importante realizar un diagnóstico diferencial a través de una evaluación exhaustiva, no solo para reducir el dolor, sino también para disminuir la sintomatología característica de la ansiedad y la depresión.

La influencia de nuestra personalidad en la percepción del dolor

Nuestras características personales, como la personalidad y las tendencias individuales, influyen en nuestros comportamientos, actitudes y procesamientos cognitivos. Estas características pueden tener un impacto directo en nuestras experiencias de dolor.

Por ejemplo, las personas con rasgos histéricos tienden a magnificar los síntomas y dificultar la tolerancia al dolor. Aquellos con rasgos hipocondríacos tienen una preocupación excesiva por el funcionamiento de su cuerpo y pueden percibir dolor ante la mínima señal disfuncional. Y las personas con rasgos obsesivos tienden a centrar su atención excesivamente en el dolor, lo que puede intensificar la experiencia dolorosa.

Estrategias psicológicas para manejar el dolor

La atención juega un papel fundamental en la percepción del dolor. Focalizar la atención en el dolor puede intensificar la experiencia dolorosa y aumentar el malestar. Por otro lado, dirigir la atención hacia otras actividades o pensamientos puede ayudar a regular y manejar el dolor percibido.

En el campo de la psicología del dolor, existen diversas estrategias psicológicas de desactivación, manejo de la atención y los pensamientos, y modificación de conductas que pueden ser de gran ayuda. Es importante buscar la ayuda de un profesional de la psicología con experiencia en el manejo del dolor para implementar un tratamiento integral que incluya estas estrategias.

Si estás dispuesto a modificar tu afrontamiento ante el dolor y fomentar la proactividad, la búsqueda de soluciones y el autocuidado, te animamos a buscar ayuda profesional. En Área Humana encontrarás un equipo con gran experiencia y conocimiento en el manejo del dolor y la relación entre las emociones y la salud.

¡No dejes que el dolor controle tu vida! Aprende a manejarlo y mejora tu calidad de vida con la ayuda de la psicología del dolor.

Artículos recomendados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *